Polo Tecnológico de Pando: Encuentro seguro entre el sector productivo y la Universidad



Queda afuera de Montevideo pero no muy lejos. Se sitúa en Pando, ciudad de referencia industrial del departamento de Canelones. El Polo Tecnológico de Pando de la Facultad de Química de la Universidad de la República (Udelar) fue creado en 2001 para dar respuesta a demandas de empresas públicas y privadas y, al mismo tiempo, fortalecer su capacidad de investigación. 

Se ubica en un predio de 7,5 hectáreas, en un edificio de 4.000 metros cuadrados que ANCAP había construido en 1950 para su Centro de Investigaciones Tecnológicas. Ambas propiedades fueron cedidas en comodato a la Facultad de Química hasta 2099. 

El proceso de instalación llevó su tiempo. En 2001 se iniciaron las obras de refacción del edificio (financiadas a través del Fondo de Solidaridad) y en 2002 comenzaron a trabajar en el lugar los primeros equipos de investigadores. En 2004 se firmó un convenio de financiación con la Comisión Europea que permitió adquirir buena parte de los equipos con los que hoy se trabaja. La estructura orgánica del Polo Tecnológico de Pando (PTP) había sido aprobada por la Facultad de Química en 2004 y se modificó en 2012: el Polo se convirtió en un Instituto de la Facultad, con lo que adquirió mayor capacidad de gestión. 

Reúne ocho áreas de investigación y desarrollo: Biotecnología, Nanotecnología, Alimentos y Nutrición, Bioanalítica, Química Fina, Biofarmacia y Tecnología Farmacéutica, Análisis Ambiental y Energías Renovables. Integrantes de las áreas y el director Fernando Amestoy recibieron al Portal de la Udelar y guiaron una recorrida por los laboratorios. 

Vínculo productivo 
«Uno de los compromisos del Claustro de Facultad de Química, en 1998, fue poner en marcha un mayor relacionamiento con el sector productivo. La facultad tenía mucho éxito en investigación, eso se veía reflejado en el trabajo científico, pero no tenía impacto en la sociedad porque teníamos poco relacionamiento con el sector productivo», explicó Alberto Nieto, asesor del área de Biotecnología, decano de la Facultad de Química desde 1998 a 2006 y director del PTP desde 2004 a 2007. 

El Polo desarrolla proyectos con alrededor de 200 empresas cada año. Nieto comentó que si bien el número ha ido creciendo «está lejos de ser un aumento exponencial. En diez años hemos avanzado pero no todo lo que deberíamos». A su entender, las empresas uruguayas y latinoamericanas en general, no invierten mucho en investigación y demandan muy poco conocimiento. En ese proceso no ayudó que durante los diez primeros años del PTP los propios investigadores debieran salir a ofrecer los servicios. El director, Fernando Amestoy, reflexionó: «El investigador tiene que ser bueno investigando, pero no puede atender la investigación, salir a vender, cobrar los cheques de la empresa y ver si le hace un contrato a un investigador». 

Esa deficiencia apunta a subsanar el Parque Científico Tecnológico de Pando, creado por ley en 2008 y que comenzó a funcionar en 2010. Es una entidad pública de derecho privado y es gobernado por una junta directiva donde están representados la Facultad de Química —a través del director del PTP—, el Ministerio de Industria, Energía y Minería, la Intendencia de Canelones y la Cámara de Industrias del Uruguay. 

«El Parque tiene dos líneas de negocios: una es inmobiliaria, para instalar empresas de base tecnológica que usen la tecnología que está acá [en el PTP], y la otra es transferir tecnología hacia las empresas desde el Polo, desde la facultad, desde otras facultades, es decir, es un instrumento de transferencia de tecnología para valorizar el conocimiento en productos y procesos pero no únicamente del Polo», explicó Nieto. «Al construir el parque se profesionaliza la gestión, nos concentramos en hacer investigación que es lo que más o menos sabemos, y el parque se concentra en la parte de servicios empresariales usando nuestro conocimiento y el del resto de los actores que hay en el país haciendo investigación», agregó. 

Por otra parte, el PTP creó en 2001 la primera incubadora de empresas de base tecnológica en el país con el fin de fomentar y acompañar a jóvenes emprendedores para que desarrollen sus empresas. Hasta ahora se han incubado más de 20 emprendimientos. 

Financiamiento 
Caterina Rufo, coordinadora de Investigación, Desarrollo e Innovación del PTP, apuntó que «a veces la empresa paga todo, porque está dispuesta a pagarlo, y otras veces se le propone participar juntos en fondos de financiación», como los de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), y los del área productiva de la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC). 

El presupuesto de la Udelar alcanza para cubrir la mitad de la masa salarial; el resto es subvencionado con fondos concursables y aportes de las empresas. La carencia presupuestal causa cierta incertidumbre porque muchos docentes son contratados para proyectos puntuales. De todos modos, Nieto defendió el financiamiento de las empresas: «Que la industria invirtiera era nuestro objetivo, porque si la industria no invierte en investigación no va a haber incorporación de conocimiento en la producción, no va a haber salarios de mayor calidad porque todo eso está asociado a la incorporación de conocimiento y el sector público lo que puede hacer es ayudar, facilitar, pero no invertir. La inversión la tienen que hacer ellos», expresó. 

Amestoy agregó que el interés del polo no es vender servicios analíticos únicamente, sino conocimiento: «Cualquiera con plata puede comprar un equipo, buscamos que las empresas demanden conocimiento, es el objetivo». Además de cumplir con la función de investigación, en el PTP también se desarrolla la tarea de enseñanza al tutorearse tesis de grado, pasantías y maestrías. 

El motor inicial no siempre surge de la inversión privada. «Trabajamos a demanda de empresas pero también desarrollamos líneas propias que nos parece que pueden ser de interés», comentó Helena Pardo, responsable del área de Nanotecnología. Esos proyectos muchas veces son financiados por el PTP, que intenta generar sus propios productos y una vez que lo consigue, los ofrece. 

En crecimiento 
«Ninguna empresa que no está acostumbrada a trabajar con la Universidad va a confiar en un centro universitario de investigación si primero no lo mide. Al principio nos midieron», reveló Nieto, refiriéndose a empresas privadas y públicas. A menudo el intercambio comienza a partir de un proyecto puntual y en función de sus resultados, se amplía la relación. Los entrevistados señalaron que ha habido una evolución y que hay empresas con las que se está trabajando en el quinto proyecto. 

El Polo aspira a continuar creciendo. Alejandra Rodríguez, responsable del área de Bioanalítica, expresó el anhelo colectivo: «Irnos acercando a ser un centro de referencia en algunos temas en los cuales podemos especializarnos y destacarnos en las áreas que tienen que ver con química, biotecnología, nanotecnología». 

El PTP pretende convertirse en un instrumento para el país. Nieto reafirmó la capacidad de aportar soluciones a la sociedad a través del vínculo con empresas y destacó la contribución de las investigaciones del Polo en el campo sanitario. Como ejemplo, mencionó que su Área de Análisis Ambiental desarrolla desde 2002 convenios con el Estado para vigilar la calidad del agua potable en el sistema de distribución por redes de todo el país. 

Para tener un panorama de los proyectos, ver nota: La diversidad del Polo Tecnológico de Pando y video producido por Teleuniversitaria